Un pozo sin salida

Quién me iba a mandar a mí ponerme en estos percales a estas horas. Me lo tengo bien merecido. Por terco y por borrego.

He caído de la peor manera, me duele la pierna más que una coz en la entrepierna. Aunque creo que por suerte no me la he roto, de aquí no voy a salir si no ocurre un milagro, y yo no creo en los paranormal. Es oscuro, miro a la apertura circular que hay encima de mi cabeza y puedo ver luz, hoy hay luna llena. Si tengo que morir será una muerte romántica, que ironía, habrá sido el único romanticismo que palpé en mi triste vida. Es húmedo y tengo frío. El móvil se ha roto con el golpe y no funciona. Grito sin esperanza de que alguien me oiga, no pierdo la esperanza, aún no, aunque ya sería casualidad que una alma caritativa pasara por ese remoto lugar. Iba despistado y no vi el agujero. No sé cómo saldré de este pozo pero tengo tiempo para pensarlo. Eso es seguro, el tiempo, aquí abajo me sobra. Continua llegint

Capítulo 3: El profesor

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Hay lugares que escapan más allá de nuestro entendimiento, que no se pueden explicar con la razón. Enigmas ocultos con vida propia aletargados en una paciente espera, lanzando anzuelos en el mar para pescar incorpóreas comidas.

El castillo de Mares era uno de éstos. Nadie que había entrado en él había salido para contarlo. Desde ese fatídico día en el que un cuerpo de policía entero desapareció en sus fauces, el castillo se había ganado un lugar de honor entre los sitos más misteriosos del planeta. A ellos les siguieron más víctimas: especialistas de toda clase buscando fama, dinero, incrédulos estafadores, inocentes almas que no sabían dónde se metían, etc. Todos caídos en las hipnóticas redes de sus muros de piedra fría. Continua llegint

Capítulo 2: Te tengo!

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-Te tengo!-exclamó Jorge en plena excitación.

Después de unos minutos chateando con ésa perfección en cuerpo de mujer, con la testosterona por las nubes, había conseguido quedar con ella. Alucinaba que hubiera sido tan fácil, normalmente la mayoría de mujeres se resistían más, mucho más, a sus incesantes encantos. Su marido (si, estaba casada) estaba de viaje de negocios, así que se encontraba sola en casa y quería aprovechar la ocasión. ‘Qué suerte la mía!’ pensaba Jorge. Además resultaba que vivía en un castillo a veinte kilómetros de su casa, eso aún lo excitaba más. Sería cómo un rey por una noche y quién sabe, quizás se enamoraba de él. Realmente era una buena presa. Continua llegint

encadenado al destino

De golpe abrió los ojos en la oscuridad despertando de un sueño intenso y profundo, no veía nada pero percibía algo, como si no estuviera solo, giró un poco la cabeza y vio una sombra. Lo primero que pensó  fue en levantarse y abrir la luz, pero nada respondía a sus pensamientos, no podía moverse, estaba indefenso por una mala jugada de su cuerpo. Continua llegint