Capítulo 5: La inesperada sorpresa

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Estaban aún absortos en pensamientos de lo que acababa de suceder, sumidos en las profundidades del laberíntico cerebro, cuando oyeron unos pasos que venían de la entrada del sótano. Alertados por el instinto, miraron rápido en dirección al sonido. Una mujer de cabello oscuro y penetrante mirada que dejaba helado acabava de sorprenderles en su secreta misión.

Gris tardó unos segundos en reaccionar pero en seguida la reconoció. Era la mujer que había escapado de la secta. Pero ¿qué hacía allí? Se fue decidido a su encuentro.

‘Profesor…’ se avanzó ella antes que Gris abriera la boca ‘qué casualidad, pasaba por la zona y me pareció ver luz…¿qué están haciendo? ¿van a entrar en el castillo?’

El profesor se quedó pensativo, parecía extraña la coincidència, no sé lo creía del todo, además no se fiaba de ella.

‘Quiero entrar con vosotros’ prosiguió directa al granero ‘si allí se encuentra lo que pienso estoy segura de que podría ser de mucha ayuda.’

Quizás les había estado vigilando o quizás dijera la verdad, era igual, el caso es que estaba allí, plantada ante el grupo con sus arrogantes exigencias y ya no había retroceso. Si lo que quería era entrar, pues que lo hiciera, al menos cerca la tendrían vigilada.

‘Está bien’ sentenció el profesor Gris a regañadientes ‘bienvenida al club.’

Después de eso se hizo un incómodo silencio.

‘Mirad, en parte yo estuve implicada en todo esto’ dijo rompiendo el silencio ‘me pasé tres años en la secta, he visto cosas que os removerían las tripas. Muchas veces, demasiadas, me levanto con un frío sudor pensando en ello y ya no puedo volver a dormir.’

Eso era lo que quería? redimir sus penas? pensaba el profesor mientras la oía hablar. Pito, por otra parte, la escuchaba con seriedad, se preguntaba qué hacían tan macabro en esa secta. Decidió que tenía que vigilarla de cerca. Irvin, el silencioso, escuchaba embobado sus palabras más con el corazón que com las orejas.

‘Entonces está la bola allí?’ preguntó así, sin vaselina.

‘Está’ corroboró Gris sin antes pensarselo dos veces, ‘y también vimos alguna cosa más, una sombra, no pudimos distinguir lo que era.’

‘El demonio…’ balbuceó ella entre dientes conteniendo la emoción sin que se reflejara en su cara.

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Faltaba poco para medianoche en ése oscuro rincón del mundo cuando decidieron subir a busca el destino. La luna llena brillaba con fuerza iluminando el silencioso castillo mientras emprendían ese camino, un viaje de conocida ida pero de incierto retorno.

Arriba todo eran sombras en la oscuridad, iluminadas por la tenue luz de las linternas que enfocaban de un lado a otro sin parar. De golpe, cómo si el diablo los hubiera estado esperando, todas las linternas se apagaron al mismo tiempo y notaron una fría brisa pasar acariciando la piel de las orejas. El cuerpo se les estremeció durante unos segundos.

Entonces vieron un lejano resplandor parpadeante a su derecha, todos se quedaron mirando hacía allí imantados por ésa extraña luz, no podían dejar de observarla, ¿era la bola? Tenían que comprobarlo, tenían que ir allí, se iba repitiendo en sus cabezas. Sus mentes ya estaban allí con la esfera, y pronto lo harían también sus cuerpos, cómo si una invisible energía les empujara hacia ése lugar sin querer evitarlo.

Evelin, cómo así se llamaba la chica, reaccionó rápidamente y sacó un frasco pequeño con un difusor y roció delante de las caras de los demás. Todos empezaron a estornudar volviendo a la realidad de golpe. Sin perder tiempo alguno, consciente de que aquello no duraría mucho, les habló:

‘Retroceded unos pasos, estamos en su campo de atracción, él quiere que vayáis hacía la esfera, quedaos allí’ dijo señalando el lugar ‘allí es seguro. Una vez fuera del campo nos contó, ante nuestro estupor renacentista ‘ahora que sé a lo que atenderme voy a hacer lo único que quizás nos salve el pellejo. No os preocupéis por mi, vengo preparada.’ y se giró hacia la luz que emanaba de la esfera.

La chica de los penetrantes ojos negros empezó a balbucear palabras que no parecían tener sentido alguno en las orejas de los otros, seguramente algún diabólico lenguaje.

Llevaba ya unos seis minutos de gritos y blasfemias cuando empezó a subir la temperatura de la sala cada vez más llegando a un calor asfixiante. Entonces él apareció de la oscuridad y se plantó a dos centímetros de Evelin. El demonio mostraba su cara. Todos estaban paralizados, incluso diría que se olía pis, pero ella, aunque estaba inmóvil, se la veía tranquila. El diablo pegaba su mirada penetrante, escudriñando el alma de su víctima que desde esa distancia seguro que olía su nauseabunda podredumbre en forma de aliento infernal, pero ella le aguantaba la mirada con firmeza.

De repente el diablo rompió el silencio con un sonido grotesco, parecía enfadado. La valiente desconocida empezó a hablar otra vez con extrañas palabras mientras los otros no se habían recuperado aún de la alucinante visión se ese grotesco ser. En ese instante contemplaron lo que quizás nunca más volverían a ver, si sobrevivían claro. Evelin y el diablo estaban entablando una surreal conversación sin dejar de mirarse al reflejo del alma.

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Si no fuera porque sus ojos lo estaban viendo no se lo creería. Allí estaban, delante de sus ojos, dos cuerpos en silencio batiéndose en un duelo sólo de palabras.

El profesor se había informado sobre las artes ocultas y estaba decidido a utilizarlas pero ahora se alegraba de no tener que hacerlo. Nunca hubiera imaginado nada igual, todo eso se le escapaba de las manos.

De repente algo pasó, el diablo retrocedió un paso y arqueando la espalda hacia atrás empezó a reírse a carcajadas. Incluso eso daba pavor en esa horripilante criatura. En ese momento todo se desencadenó en un instante: Evelin sacó un recipiente de metal que tenía en su bolsillo y al tiempo que lo abría empezó a entonar palabras a gran velocidad acercando el frasco en la dirección del mal. Cuando éste se dio cuenta de lo que pasaba, sólo pudo encender los ojos con el fuego de la rabia y la impotencia mientras era succionado al interior de ésa prisión de cobre.

Una vez dentro cerró el recipiente herméticamente y lo depositó en el suelo al lado de sus pies. En un instante el silencio se había apoderado del lugar.

Evelin giró la cabeza hacia los otros esbozando una pícara sonrisa y todos empezaron a respirar aliviados. Estaban perplejos, nada de aquello se les podía haber ocurrido en sus mentes en el momento de emprender tal esperpéntica aventura. Si no fuera por ella, el desenlace de sus vidas hubiera sido mortal.

Las linternas volvieron a funcionar. Entonces comprobaron que las luces del castillo no funcionaban y fueron encendiendo todas las velas que encontraron a su paso, dándole más luz al calmado lugar.

El profesor estaba contento de que hubiera aparecido la muchacha, les acababa de salvar con lo que parecía una simple hazaña pero que seguro debía tener sus años de preparación, al menos eso quería creer. Pito dejó con reticencias su desconfianza a un lado dejando paso a un sentimiento de gratitud hacia la desconocida. Irvin, con su joven ingenuidad, sólo tenía cada vez más tiernos ojos para ésa maravillosa mujer. Empezaba a notar los nervios removiéndose por su estómago al sentir de cerca su presencia.

Después de halagarla a cumplidos les resumió en pocas palabras cómo había acabado con ése espectro del infierno. Les contó cómo le había invocado para pactar, cómo consiguió que bajara la guardia, la parte más incierta y difícil, y al final reltó las particularidades del recipiente. Al ser de cobre dejaba el diablo sin poderes ni forma de salir de su reclusión. Realmente todo había sido cómo lanzar una moneda al aire y esperar a que cayera del lado correcto.

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