Capítulo 4: Oscuridad

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‘Encontré un libro…’ empezó el profesor ‘que hablaba sobre una fábula en la qué un hombre con ansias de poder halló un oscuro camino para pactar con el diablo. Cuando éste apareció, sediento de almas, no le bastaba sólo con un alma y le impuso al hombre una condición: si quería conservar la suya tendría que hacer un sacrificio de sangre para él, luego el diablo le dio una esfera negra para que hiciera un altar con. El diablo volvería para recuperarla y sellarían el pacto’

Pito le escuchaba absorto en la interesante narración.

‘El avaricioso hombre lo hizo sin dudar’ continuó ‘pero al ver el poder de la esfera quedó totalmente hechizado y cuando llegó el momento de devolverla al malvado ser de las tinieblas se negó.

Pasó el tiempo y cada vez más muertos desfilaban frente la insaciable esfera. Muchas almas fueron sacrificadas y ése oscuro artefacto iba cogiendo más y más poder.

Un día, el hombre, cegado por ésta oscura energía, se paró a pensar porque el diablo dejó que se quedara con ella, porque nunca había aparecido más a reclamar lo suyo, pero no halló respuesta alguna y los pensamientos desaparecieron en el país del olvido. Hasta que un día, sin saber porque vio un poco de luz entre las tormentosas nubes y comprendió lo que había estado haciendo. Atormentado se quitó la vida sin más pensamiento que el de la culpa y remordimiento. Al instante se dio cuenta mas ya fue tarde, acababa de condenarse a la prisión eterna de de cristal. El diablo nunca había aparecido ni falta le hacía, se había cobrado el trato con creces. Le había engañado, su alma había sido propiedad del diablo desde el mismo día que pactaron.

Al encontrarlo nadie dice nada de ninguna esfera. Lo que si encontraron fue una carta que escribió antes de quitarse la vida dónde relataba la lúgubre historia. Muchos creyeron que había perdido la razón.’

Pito, que le escuchaba con atención, añadió desconcertado ‘y esto qué tiene que ver con el castillo?’

‘Espera, que aún no he acabado’ dijo el profesor ‘éste es el documento más antiguo encontrado que habla del artefacto maldito, está datado en 1788…’

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‘La esfera vuelve a salir en documentos relacionados con la masonería’ continuó el profesor Gris ‘en éstos documentos se detallan rituales entorno a ella en 1893. En 1963 volvemos a oír de ella en rituales satánicos. Finalmente, el último documento y más extenso, de 1979, fue un estudio de un profesor en parapsicología dónde relataba sus teorías sobre la funcionalidad de ésa arma del diablo. Hacia el final del libro se podía notar el pavor que le producía el simple estudio de la esfera y acababa obsesivamente recomendando su destrucción.

Escudriñé el último documento donde se tiene constancia de la secta satánica y encontré que uno de los creadores, un tal Marco Van Burt, provenía de una larga tradición familiar de masones. Actualmente se encuentra desaparecido junto a varios sectarios más, no se ha sabido nada de ellos desde hace una década. Estuve investigando un poco y entre las propiedades de la familia Van Burt resulta que está el castillo de Mares.’

‘Carai, bonita historia’ dijo Pito ‘así que el castillo pertenece a ésos Van Burt…estoy seguro de que todo eso son habladurías, historias para atraer gente a la secta. Allí dentro debe haber alguna buena explicación para todo esto, algún artefacto mecánico o quizás nos encontremos con los sectarios desaparecidos. Tendremos que ir con cuidado.’

‘No sé’ replicó Gris ‘ya sabes que yo no he sido nunca de cuentos pero aquí hay algo que no me gusta…además está la sectaria esa’

‘Qué sectaria?’

‘Pues encontré a una persona que pertenecía a la secta en el momento de su desaparición.’

El profesor giró la cabeza hacia Irvin, que tenía los ojos en las pantallas y una oreja en la conversación y volvió a mirar a su amigo Pito prosiguiendo con el relato.

‘Hubo una mujer que pertenecía a la secta. No quiso contarme mucho sobre la esfera pero se notaba un profundo pesar en sus palabras cuando la mencionaba. Me contó cómo en el momento de dejar el grupo, rendían culto a Preta, un antiguo y avaricioso demonio oriental. Estaban preparando el rito final que culminaría con el suicidio de los sectarios ante la esfera. Con ése ritual pretendían crear un portal para que el demonio pudiera llevar sus hordas al mundo terrenal. Al final no tuvo valor, decidió no acudir al rito, que precisamente se celebraba en éste castillo. Me dijo que cree que llevaron a cabo el ritual pues no volvió a saber de ellos nunca más, pero tampoco ha llegado el apocalipsis sentenció.’

‘Aquí está la bola!!’ gritó Irvin de repente.

Los dos amigos se levantaron cómo centellas y se abalanzaron hacia dónde se encontraba el aprendiz. En efecto, allí se encontraba. En ése preciso instante los rumores acababan de hacerse realidad.

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Con la pequeña luz de la cámara no se observaba con claridad pero se podía ver la electricidad de la esfera moviéndose por su interior.

‘Ves?’ dijo rápido el incrédulo Pito ‘seguro que es un artefacto eléctrico, alguna especie de arma desconocida.’

De repente hubo un movimiento, cómo una sombra pasando con rapidez de izquierda a derecha de la imagen, justo en el fondo de la sala. Había sido sólo una fracción de segundo pero el ojo es más rápido que una bala y no se le escapó. Al cabo de unos segundos la imagen de la pantalla desapareció.

‘Que vuelva el robot’ le mandó Gris a su pupilo mientras él se dedicaba a tirar atrás la grabación hasta encontrar la sombra en la oscuridad. Allí se encontraba, una sombra oscura que aparecía y desaparecía, imposible de distinguir que era mas un calambre recorrió su cuerpo. Comprobó los registros de la temperatura de ése instante y observó cómo subía de golpe antes de que la imagen se fundiera.

¿A qué se enfrentaban? ¿Realmente era verdad todo lo que habían encontrado? ¿o su mente les estaba jugando una mala pasada? Gris cada vez estaba más convencido y Pito se resistía a creer más allá de sus verdades, aunque las preguntas no paravan de resonar en su cabeza cómo un mal loop en una noche de fiesta.

‘Y ahora qué?’ se dijo a si mismo en voz alta rompiendo el silencio de la habitación. La pregunta fluctuó por el aire de una oreja a otra sin esperar ni conseguir respuesta. Lo que harían, ya lo sabía mucho antes de formularla.

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