El gato

Aunque no se podía fumar, el bar tenía un aire denso, cargado, la tenue luz ayudaba dándole aspecto lúgubre al lugar. Estaba en la barra, cerca de la puerta, tomando José Cuervo y vigilando la presa, un novato que se había percatado ya de mi presencia, el ambiente estaba tenso. Le observé responder el móvil, mirar hacia mi y empezaron los tics nerviosos, tenía que salir, la acción empezaría pronto.

Después de unos eternos minutos llamó al barman, hablaron y se metió en una habitación tras la barra. Era perfecto, la puerta de atrás, sin testigos. Me apresuré y allí nos encontramos, cara a cara, con un gesto automático miró la puerta, ya estaba cerrada, hoy no es tu día de suerte chaval, miré sus ojos y pude ver crecer el miedo en él. Tranquilo dije mentalmente, le metí tres supositorios metálicos en el cuerpo, me acerqué e hice la foto. Otra recompensa en el cajón.

Dios, adoro éste trabajo!

                            Fin

Microcuento de 200 palabras para un concurso de novela negra, salido de mis entrañas y que no cualló, aquí queda el testimonio.